advertencia


Este blog nace como forma de publicación de textos de su autor, Carlos Blasco, que piensa que es tiempo de mostrar por este medio algunas cosas que escribe, también porque mucha gente le ha dicho que se deje ya de joder con los libritos artesanales. No hallarán en él fotos de sus cumpleaños, ni de sus vacaciones, o cuál es su color favorito y esas cosas.... Encontrarán en cambio textos poéticos, cuentos, microrrelatos y algunos otros divagues de relleno . Es necesario decir que el autor de este sitio ha tenido que superar varios prejuicios para llegar a concretar el mismo, pero ha decidido quedarse con otros.

El nombre "andameta" se debe a mi gran amiga Luz, que en uno de sus arranques y viendo mi estado atinó a decirme -ustéd se hace el boludo Blasco, pero anda meta...- y cuánta razón tenía.


Así que aquellas personas que sean amigas pueden saludarme también por este medio cuando gusten, y aquellas que me desprecian... bueno, ahora tienen una buena razón para hacerlo.


Lunes 1 febrero 2010 1 01 /02 /2010 04:41
...ahora me agrandé!!

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Viernes 22 enero 2010 5 22 /01 /2010 21:05

Tengo que escribir

algo está haciendo presión

en mi lóbulo frontal aunque

estoy seguro de que allí

no hay nada

una cabeza

que es una ametralladora descargada

un cuerpo que es un tanque

sí ja ja un tanque

tengo que escribir

moviendo palabras como bultos

enormes

otra vez

no

ahora sí a ver…

un laburante de la palabra

sí ja ja

un laburante

despachar gente

manejar guita ajena  

abrir

y cerrar válvulas no son

los únicos trabajos que hay

acá hay que poner huevo

acá hay que poner todo

donde se termina las frases con “amar”  

las frases con “vos y yo” o la palabra ausencia

ahí

empieza la poesía

su bujía sucia y su chispa azul

de otras palabras

pesadas

oscuras

pala y barreta para extraerlas

hacerlas hablar

hacerlas decir

que tu noche ha llegado

como una jauría de silencios

para alimentarse de tu insomnio

que hay un monstruo bajo tu cama

y sobre ella

que nadie está a salvo de la sed

que el tiempo es la sustancia más extraña

que hablamos porque no se nos permite aullar

que somos un cuento

que somos un chiste

que poesía no eres tú

que poesía

es otra cosa.

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Viernes 23 octubre 2009 5 23 /10 /2009 20:58

Qué paisano que soy

viendo los autos y la gente

perplejo

extranjero

allá en mis pagos

que quedan en ningún lado

guanacos de hierro 

camionetas cruzando la nada

un camino de tierra entre el Quijote

y Mad Max entrando

a una bailanta

porque era Hollywood allá en mis pagos

Indiana Jones buscando fósiles

don Corleone

los casinos Tony Montana

Alien tenía un kiosco a la vuelta

de mi rancho y yo

salí un tiempo

con la mujer maravilla

mi aspecto era el de mis hermanos

paisanos todos

como yo

y los guanacos

pastando gasoil

martillando la noche

que ardía en las enramadas pop

y cerveza

soy el gaucho traidor

dejé la querencia

maté a mi caballo

me vine a la frontera

a conocer la luz eléctrica.

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Viernes 23 octubre 2009 5 23 /10 /2009 20:51

No pregunten cómo, pero allí estaba yo, acompañando a mi amiga y a su niño en lo que sería un “paseo” organizado por el jardín privado a donde concurre su adorable niño a quién llamaremos Franquito. Mi amiga, que es casi tan intolerante como yo en algunas cosas, me había pedido que la acompañara porque se embolaba si tenía que hablar con los demás “papis” por más de 10 segundos, además me echó en cara que ella se había solidarizado conmigo en situaciones análogas, me lo echó en cara sabiendo que mi rígido código ético me obligaría a acompañarla.

Entonces allí estaba yo, nenes correteando, papis, mamis y abus sacando fotos con sus cámaras digitales, etc. De repente la seño Claudia empieza a aplaudir y a canturrear una canción sobre sentarse y la cola en el piso, los niños comienzan a sentarse al rededor de la seño y los papis, todos detrás, se quedan esperando porque parece que la excursión saldrá de una buena vez luego de dos horas de espera… pero no. La seño Claudia y sus dos secuaces (seños también) quieren que los papis, adultos recién salidos del trabajo y abuelas con artrosis deformante, se sienten también en el suelo apoyando la cola en césped húmedo del patio. Algunos le hacen caso, incluso con entusiasmo… papis jóvenes y dinámicos, seguramente los papis de Indio Jael y de Tiara Morena que desde que aprendieron a decir la palabra “holístico” no paran de comer semillas y escuchar CD’s de ballenas en celo. Otros hacen de cuenta que no escucharon, se miran entre sí y sonríen, pensando quizás que un porcentaje razonable de papis con el culo mojado saciará el capricho de la seño Claudia… pero pronto descubren que no, que la seño Claudia no es fácil de saciar: –a los papis que están paraaadooos… la idea es que tooodos no sentemos para que podamos escuchar mejor a la seño Paula que nos va a hacer recomendaciones para el paseo...- dice dulcemente amenazante, moviendo sus manos con las palmas hacia abajo, como si la posición de mis pantorrillas tuviera algún efecto en la propagación de las ondas sonoras que saldrán de la boca de la seño Paula. Mi amiga y un par de padres más dicen algo entre dientes y se sientan en el suelo mojado, seño Claudia los mira complacida. Yo me quedo parado.

Lo hago por tres razones 1) yo ya hice el jardín, y no me llevé ninguna materia. 2) yo me lavo mi ropa (sin lavarropas) y este jean estaba recién lavado, y 3) Vi en la seño Claudia, bajo su ingenuo guardapolvo a cuadrillé, detrás de su prendedor de goma-eva con forma de abejita mielera y su sonrisa buena, a una ser retorcido y sediento de poder, un ser que disfrutaba de hacer sentar en suelo a un grupo de adultos laburantes y luego hacerlos callar como la lechuza que hace shhh, hace shhh… Yo me quedé parado, y no canté la canción, ni hice así con la mano como la lechuza. Mi amiga me miró y en sus ojos vi que, aunque ideológicamente respetaba mi acción, se arrepentía de haberme llevado. La seño Claudia me clavó su mirada de hada de cuentos llena de odio, y un papi que, roto las pelotas se había empezado a sentar, me miró y se incorporó lentamente. Cuando la seño Paula iba por la mitad de sus consejos, los que nos habíamos revelado poniéndonos de pie ya éramos legión, y todos pensábamos, ahora libres: -ya no más, seño Claudia… se acabó tu reinado de juegos y oscuridad… ya no contarás un sábado a la noche, cerveza en mano frente a tus amigos “… y después los hice hacer una ronda y cantar el arroz con leche jajaja…”-

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Viernes 23 octubre 2009 5 23 /10 /2009 20:45

om

Hasta que no lo crea

no lo voy  a ver

hay señales

 instantes en que las cosas parece

que van a ocurrir

fracciones de segundo de eternidad

en que no hay peso

ni tiempo

cada uno

de los huesos que te sostiene

puede estallar en ese momento

pero yo vi algunos

llegar luego a un lugar

en el que nada

es demasiado importante

budas de barrio

post- desalojo

post-abandono

budas post-desempleo

fabricando nirvana

con un poco de silencio

un poco de mate

un poco de césped

verde en el fondo

y una piel que acariciar en la tarde

nirvana de aire

de agua de la canilla

y también diarios viejos

que siempre

pueden servir.

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Viernes 23 octubre 2009 5 23 /10 /2009 20:41

El Roque… éramos pendejos me acuerdo, una tarde, todo bien, volvíamos de jugar a la pelota allá en la canchita de las vías cerca de mi casa, en eso lo vimos venir de frente, venía medio en pedo, el viejo del Roque, nos vio y empezó a los gritos, que qué mierda te crees guacho de mierda que me andas afanando la guita hijo de puta, el Roque se quedó parado, se puso nervioso, pará le decía, nosotros nos hicimos a un lado, qué para ni pará vago de mierda te vi´a cagar a patadas… el Roque iba y venía nosotros mirábamos, el viejo re en pedo con la mano levantada, lo empujó al Roque, le puso un par de bifes, hijo de puta le decía y el Roque pará pelotudo, se cubría la cara, dejame de joder yo no te saqué nada preguntale al Cristian, tas re en pedo y te comes cualquiera, y el viejo nada le seguía tirando manos, nosotros no sabíamos que hacer, en eso el Roque, no sé qué le dijo el viejo, le puso una piña en medio de la cara, el Roque al viejo, lo tiró para atrás, se cayó el viejo así de espaldas, quedó sentado en el piso los ojos así grandotes con la nariz sangrado, el Roque no sabía qué hacer se agarraba la cabeza viejo de mierda le gritaba y le temblaba la voz y parecía que iba a llorar, pará Roque le decíamos para boludo, calmate… el Roque se acercó parecía que lo iba a ayudar a levantarse, el viejo se quiso levantar solo pero no pudo, pensamos que lo iba ayudar, le temblaba la pera al Roque que era grandote, tenía los ojos con lágrimas, y la próxima vez que le levantes la mano a la mamá te voy a matar hijo de puta te voy a matar le gritó, y le puso una patada en la cabeza, ahí lo agarramos pará boludo, el viejo quedó tirado le sangraba la ceja, el Fabián miraba ¿te acordás del Fabián? miraba, no chabón decía el Fabián, qué cagada y lo quiso levantar al viejo porque era amigo de la familia, si de la primaria que lo conocía al Roque… antes que el viejo del Roque se quedara sin laburo iba a comer a la casa, lo conocía al Cristian a la Vero a la vieja… no chabón decía, y el viejo tirado, nosotros lo arrancamos para el lado de mi casa al Roque, lo sentamos en la vereda, lloraba el Roque se le caían los mocos se tapaba la cara, viste que es grandote el Roque, como un nenito lloraba y que la vieja y que el Cristian y que la Vero que es chiquita, viejo de mierda decía, después nos enteramos que se tomó el palo, se fue, no le dio para quedarse al Roque, se fue a lo de unos tíos a Comodoro creo, el Fabián nos contó que había arrancado, no lo vimos más, una vez me lo encontré al Cristian, le pregunté, me dijo que estaba con una mina, que tenía una nena, que estaba laburando en la construcción, anoche me lo crucé, se ve que vino porque murió la vieja, andaba tomando birra en un auto con otros dos, se ve que no me vio, está pelado, más gordo, era piola el chabón… se ve que no me vio.

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Lunes 20 julio 2009 1 20 /07 /2009 02:12

Datos actualizados al 20/07/2009,  pertenecientes a la consultora POSTA & BLASC con el asesoramiento de BIG “G” CONSULTOR´S.

 

·    

 

·     El 95% de los cordobeses se cree gracioso y fiestero, y piensa que todos esperan eso de ellos. 

 

·     El 75% de los mendocinos cree que está ligado a un pasado familiar aristocrático de rancio abolengo.

 

    El 78% de los salteños se cree folklorista.

 

·     El 68% de los pampeanos no solo cree que Martín Fierro existió realmente, sino que además piensan que fue pariente lejano de ellos.

 

·     El 90% de los porteños sobreactúa su fanatismo por el fútbol,  cree que es tanguero y ganador con las minas, y piensa que todos esperan eso de ellos.

 

·     El 73% de los patagónicos cree que es “diferente”.

 

·     El 80% de las profesoras de lengua toman ribotril. Del resto, un 10% es apenas infeliz y el otro 10% fuma yerba.

 

·     El 78% de los policías le pega a la mujer.

 

·     El 88% de las estudiantes de bellas artes alguna vez usó una pollera (fea) arriba del jean.

 

·     El 99% de los taxistas es facho.

 

·     El 89% de los que se dedican al tunning tiene daño cerebral leve y no lo sabe.  

 

·     El 99% de los andinistas cree que pertenece a una raza superior de seres humanos.

 

·     El 3% de los rollingas logrará cierto bienestar e independencia económica algún día.

 

·     El 80% de los psicólogos sociales no sabe explicar cuál es exactamente su campo laboral.

 

·     El 92% de los carniceros piensa que sus clientas tienen fantasías sexuales con ellos.

 

·     El 99.5% de los disc jockeys se cree músico. 

 

·     El 81% de los skaters no puede terminar el secundario.

 

·     El 94% de los abogados quería ser artista de algún tipo pero no se animó.

 

Si conoce más cifras agréguelas en forma de comentario, explicitando al final el nombre de la consultora a la que pertenecen.

 

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Lunes 13 julio 2009 1 13 /07 /2009 00:38

Si vuelvo a escuchar una sola vez más que es mejor ocuparse que “pre – ocuparse”, que usamos solo el 15 % de nuestro cerebro,  que los esquimales tienen 60 palabras para decir “nieve” o que “hay energías…”, voy a robarme una motosierra y voy a emprender un raid de sangre y pánico que hará que Hannibal Lecter parezca un teletubi. Y es que a veces creo que el mundo no sólo se  ha convertido en un lugar cruel e injusto, sino que ha devenido en algo mucho peor: el mundo se ha convertido en un lugar común.

Y no es solamente por las perogrulladas que ya he mencionado, o los excrementos lingüísticos llamados aforismos  que suelen rezar cosas como “hacer el bien es como hacer el mal pero al revés” o “el silencio es la música de los sordos” y otras estupideces de grueso calibre travestidas de sabias palabras, sino que también hay situaciones si, circunstancias que son lugares comunes… y gente, gente obscena que no solo participa de ellas sino que además las propician… y las disfrutan.  Acá van algunos ejemplos:

 

Las salidas en pareja: algunas personas tienen la creencia de que, desde el momento en que están en pareja, solamente pueden salir o hacer cosas con “otras parejas”. Esta superstición, más común en las mujeres que en los hombres, genera uno de los lugares comunes más comunes. Se los puede ver, un sábado a la noche, sentados en la mesa de un bar, ellas hablando entre sí de ropa, de decoración, futuros hijos y otras mujeres a las que odian, ellos sacan pecho y hablan de autos, fútbol y trabajo. Cada tanto ellas los critican a ellos en tono bromista, entonces ellos dicen que ellas no saben manejar y todos ríen desopilante. Un asco.

 

Los muchachos del café: son viejos, son fachos y están al pedo. También a ellos se los puede ver en la mesa de un bar, pero un martes a las 9 de la mañana. Cualquier ser humano menor de 50 años es “un pendejo boludo”, “fútbol era lo que jugaba el River del cuarenta y tanto, con el Pelusa Barteloto al medio y  Lenteja Castorina en la punta izquierda…” y “acá hay que matar a cinco tipos y se arregla todo” son algunos de sus corolarios favoritos. Hablan fuerte y sobreactúan la risa, su sueño es que Sofovich los invite a comer una picada y se ría de sus chistes machistas. Ya lo vi.

 

La tertulia neohippie: te dicen que te invitan a un asado, pero es una trampa, en realidad te invitan a un lugar común. Hay olor a pachuli pero sólo es pachuli, puede verse gente algo mayor cuidadosamente luqueada “mayo francés sport” y en la parrilla hay verduras junto a los chorizos, abunda el utensilio artesanal hecho en madera del Bolsón y en la biblioteca duerme promiscuamente Galeano junto a Cohelo. Alguien que no sabe tocar la guitarra insiste en rascarla y cantar temas de León Gieco hasta que, a cierta hora, sobreviene Comandante Che Guevara y el clisé es total. El contraste es con el vino de 70 pesos (una buena) y con los costosos vehículos estacionados afuera. Sáquenme de aquí!!

 

No sé cómo será el infierno al que irá toda esta gente (sé que tiene que haber un infierno para ellos), pero estoy seguro que su cielo, su paraíso, sería una eternidad en que las almas intercambian infinitamente frases de Narosky mientras toman mate con bizcochos en la sala de espera de un médico holístico llamado Nahuel Cruz.

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Martes 31 marzo 2009 2 31 /03 /2009 21:16

Un día como hoy, pero de 1922, zarpa del puerto de Córdoba, en su primer glorioso viaje, el gigantesco transatlántico Kaiser Baigorria, enorme embarcación de lujo de 200m de eslora equipado con los más opulentos dispositivos de entretenimiento de la época entre los cuales se cuentan: dos canchas de fútbol, tres de tenis, un campo de golf, un salón de bowling, tres pistas baile, una de karting, dos mesas de ping pong, un metegol y un hipódromo. La gigantesca nave compite en tamaño y confort con los otros colosos de su época como el trasbordador Pekinés Xenxaxión y el leviatánico crucero ruso Elpedasovski.
                Diseñado por el ingeniero naval boliviano Axel Sorujo Sorujo y conducido por  el “As de los mares” capitán Iulius Plankton, el Kaiser Baigorria navega sin problemas durante quince minutos hasta que una de las alarmas de abordo avisa que hay desperfectos en las bodegas inferiores; veinte minutos después la sala de máquinas está totalmente inundada y el titán de los mares comienza a hacer agua. El pánico no tarda en apoderarse de toda la embarcación, especialmente de la 1ª clase, donde viajaban  el polista Juan Cruz Peralta Garca, la conductora Susana Sorete, el empresario Mauricio Condoni y la diputada provincial Evangelina Turrety, personajes que abandonan el barco incluso antes que las ratas y son rescatados por el buque merquero Medellín sin que de ellos vuelva a saberse nada nunca nunca más. Antes del mediodía la enorme embarcación se parte en cinco pedazos y se hunde para siempre a cincuenta metros de la costa, muriendo 60.000 personas y dos Disc Jockey. La banda siguió tocando hasta el final y después huyeron junto con el capitán en su lancha personal para poner, años más tarde, un bonito cabaret en las afueras de Zapala. ¡¡Gracias Kaiser por tu aguante!!, desde aquí este humilde homenaje.  

 

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Miércoles 25 marzo 2009 3 25 /03 /2009 23:05

A todos nos han pasado cosas desagradables, nos pasan porque no podemos evitarlas, algunas no podemos evitarlas porque ocurren de improvisto. Sin embargo la mayoría de las veces estos sucesos indeseables están antecedidos de un aviso, ese aviso lo da el lenguaje mismo: son palabras, frases… alocuciones que misteriosamente han sido registradas justo antes de una tragedia. ¿Acaso hay fuerzas sobrenaturales que intentan protegernos? Fuerzas que fracasan porque somos muy boludos para entenderlas?. Por las dudas si escucha alguna de éstas salga corriendo:

Acaricialo… si es mansito…: no señor! Ese perro es la criatura más jodida que conocerá en su vida… está actuando, algo terrible pasará si lo toca.

¿sabés cuál es tu problema…?: Si el otro sabe tu problema, entonces él acaba de meterse en un problema… si hay algo que odio es que sepan mi problema, cuando saben tu problema está todo mal, terminará en piñas.

Andá tranquilo… decile que vas de parte mía: -¿de quiéen..!?- te va a decir un negro grandote en un taller, un negro grandote que afloja bulones oxidados con los dedos... Y cuando se acuerde del que te mandó vas a escuchar en un tono algo violento –ah… decile al pelotudo ese que todabía estoy esperando la guita… que no estoy enojado decile…-

Dale que no viene nadie: sí vienen, y están armados.

Debe ser una boludez, traeme un destornillador…: de la reacción suya a esta frase dependerá una cantidad de dinero igual al precio de A) la computadora. B) el DVD. C) la consola de juegos. D)el telescopio orbital Hubble.

Hay un remedio casero que…: los cementerios están llenos de gente que no escuchó o no supo interpretar este aviso de muerte.

Se apaga solo: A) se apaga solo pero para siempre. B)no se apaga nunca y consume toda la energía del universo. C) lo apagan los bomberos.

Es otra marca, pero es el mismo que llevaste la otra vez…: mentira!!, a este lo fabrican unos enanos en cuero en la trastienda del local.

No le dije pero debe saber…: éste cometario se escuchó unos minutos antes de la caída del Hindenburg, algunos aseguran también haberlo escuchado en el puerto de Southampton media hora después de que zarpara el Titanic… también varios travestis se han beneficiado de sus implicancias.

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Domingo 8 marzo 2009 7 08 /03 /2009 01:01

 

Quedó inaugurado ayer el gimnasio polideportivo de Aguada Rosales. Dicho evento fue acompañado de una gran fiesta popular organizada por el municipio, los actos contaron con la presencia de autoridades municipales y funcionarios a nivel provincial como el peluquero del gobernador y el secretario de Cuencas. Con un escenario que lució el talento no sólo del Chiqui Montecinos, sino también del grupo de danza folklórica “Pata Ancha” y el coro de rengos de la comuna virtual de Nueva Galápagos, sin olvidar la presencia de la joven Wendy Sandoval, elegida allí mismo Reina zonal del Gimnasio Municipal. Luego del desfile hubo asado y mandarinas de postre, y por la tarde se procedió a destapar la placa conmemorativa en la Plazoleta De los Pobres ubicada sobre la calle asfaltada. Nadie se quedó sin un globo!!

Durante la suelta de martinetas el intendente prometió “y cuando hagamos el hospital va a ser peor...!!”

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Domingo 8 marzo 2009 7 08 /03 /2009 00:55

Un día como hoy pero de 1945 nace en Yatasto Chueco (Provincia de Jujuy) el entrañable Milton Marvin Caripelli, actor, cantante y showman, que supo divertir sanamente y en familia a toda una generación de estúpidos. Todo comenzó cuando a los 15 años canta una chacarera vestido de granadero en el ciclo radial “canta pibe”, y luego hace un par de propagandas de jabón “Salsipuedes”, insignificante contrato que lo lleva a Buenos Aires. Allí conoce a Loreno Jakson, vendedor ambulante y buscador de talentos que lo presenta con el dueño del circo Caponi para que limpie la jaula de los monos y haga algunas boludeces graciosas con unas boleadoras y un bombo. En 1967 un productor de la reciente televisión nacional lo ve en una función y lo llama para el papel de “boludo bueno del interior” en la nueva película del inolvidable galán Willy Troncoso “Te quise en diciembre”, desde allí el éxito no para y trabaja en otras producciones del mismo director como “Qué linda es la colimba” y “! Noche de Bariloche!” un año después, logra un protagónico en el cual interpreta aun joven y tímido músico del interior que con su talento logra conquistar Buenos Aires y vuelve glorioso a su Tucumán natal, rico y puto. Años más tarde ya casado con la voluptuoso y efímera diva del teatro de revista Mónica Argollazo, logra conducir, en el viejo canal 7, su propio programa para la familia “Domingos Gozosos”, que se transmitió todos los sábados de tres de la tarde a nueve y diecisiete de la noche, durante casi 17 ininterrupidos años que marcaron una forma totalmente nueva del embole y la pelotudez. La muerte sorprende a Milton al tropezar con un rastrillo con apenas 50 años, solo y olvidado, cuando salía del trabajo en la pizzería de su cuñado que no se lo bancaba. Gracias Milton!!!! por tu talento... desde aquí este humilde homenaje.

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Lunes 2 marzo 2009 1 02 /03 /2009 19:34

Un día como hoy, pero de 1964, el contorsionista y científico loco Garibaldi del Croto, logra darse vuelta como una media dejando expuestos su órganos internos durante diez minutos, luego de los cuales su joven ayudante “Trompita” le mete la mano en la boca y lo endereza de un tirón en las bolas. Garibaldi muestra sus dotes desde muy joven cuando, a los 9 años, es el único chico de su grado que puede cambiar un foco con el pié izquierdo. La fama no tarda en llegar gracias a su interés por las ciencias que a los 15 años lo lleva a inventar su famoso “relinchador de cachuflas” y el primer cinturón para pelirrojos. En 1953 recibe al premio de la academia de pancheros profesionales y un año después un patobica lo caga a trompadas a la salida de un cumpleaños de 15. Esta experiencia traumática lo empuja a tomar una de las decisiones más importantes de su vida, entra a trabajar en el circo de los hermanos Randall, dos siameses unidos por la planta de los pies que administran el mejor espectáculo circense de América del Sur. Allí Garibaldi aprende nuevos trucos como rascarse la cholga por el bolsillo del pantalón y el triple salto en bombacha, con el que se ganaría los aplausos y el cariño del público infantojuvenil.

La muerte se lo lleva en medio del espectáculo, cuando un golpe de aire lo sorprende con los ojos cruzados y las piernas atrás de la nuca. ¡¡¡Gracias Garibaldi por tu elasticidad!!!, desde aquí este humilde homenaje.

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Lunes 2 marzo 2009 1 02 /03 /2009 03:34

 

Antes que nada, y permítanme la jactancia, me parece importante aclarar que en esto de la escritura yo empecé de abajo, y lo digo porque ahora hay mucho escritor profesional que anda  mostrando chapas y uno no sabe si alguna vez se ensuciaron las manos con tinta. A los 16 años agarré mi primer laburo de escritor en un librito de cuentos para chicos que se estaba escribiendo en mi barrio, no era una gran cosa, me tomaron como albañil de construcción oracional, no pagaban mucho y el laburo era bastante pesado, casi siempre pasaba de las 8 horas, además ayudaba a descargar las camionadas de conectores y terminaba con la espalda rota. Mi jefe era una maestro mayor de obras fundamentales, un viejo jodido, sabía pero era muy mañoso… estructurado, si le llegabas tarde era capaz de mandarte a lustrar todas las sangrías o a medir todas las “b” largas desde el primer capítulo, pero yo le rendía bien, y de última fue él mismo el que me recomendó para mi siguiente trabajo.

El viejo tenía un conocido que estaba haciendo un diario, parece que necesitaban a alguien y saltó mi nombre, era un diario local, nada muy importante, pero por aquellos días yo ya estaba por terminar la secundaria y me vino bien, quedé como encargado del depósito, hacía los pedidos a los proveedores, firmaba los remitos… si me llegaba a quedar sin sinónimos o sin comas se paraba todo, así que era un laburo bastante movido, menos físico pero de más responsabilidad. Una vez me pasó, no fue culpa mía pero el responsable era yo, la cosa es que se atrasó una entrega de acentos ortográficos y nos quedamos sin, yo pensé -acá me echan a la mierda- pero me salvó un viejo que estaba en mantenimiento morfológico y que a veces tomaba mate conmigo. El viejo había laburado mucho tiempo de tornero en un taller de escritura, viejo canchero, me acuerdo que me dijo –tranquilo pibe, no te vuelvas loco… traete tres cajas de comas y la mola- yo estaba desesperado –cebate unos mates por lo menos-  me dijo. La cosa es que el viejo agarró las comas con la morsa y les entró a dar con la amoladora , dos toques y quedaban derechitas, había que mirarlas mucho para darse cuenta que no eran acentos, -vos andá pasándoles tela esmeril así se nota menos- me dijo, así que estuvimos toda la noche, y al final pude zafar. Me avivé bastante  durante ese tiempo.

Después un día me llamaron para mi primer trabajo “importante”, yo había dejado mi currículum, se trataba de una novela policial, un proyecto medianamente grande a cargo de un ingeniero semántico, era un laburo más cheto, más tirado para el lado del diseño, me tuvieron dos semanas a prueba y después me pusieron de jefe de párrafo, para mí fue un gran salto de página, era una empresa seria. Yo supervisaba mi sector y hacía informes para Ingeniería, pero a la vez no dejaba de estar en contacto permanente con la escritura propiamente dicha, tenía que tomar decisiones todo el tiempo, nunca me voy a olvidar de la vez en que un contratista me quiso pasar, estábamos por terminar el décimo capítulo y me puse a recorrer el texto, en eso veo un signo de pregunta medio torcido, el contratista me buscaba charla, me quería distraer, yo me di cuenta enseguida que era un signo de admiración doblado, y mal doblado encima, me di cuenta porque yo también la había hecho un par de veces cuando laburaba en el diario, pero en un diario pasa, se lee una vez y se tira, no es tan peligroso. La cosa es que lo levanté y lo dejé caer, seguramente pensó que estaba con un gil de esos que hablan mucho y nunca se ensuciaron las manos, el tipo no sabía qué decirme, hubo que romper como dos párrafos enteros y soldar todas las oraciones de nuevo, una por una. Imaginate que si te queda una fisura en un conector, no sé… se te raja una “y” griega ponele… se te puede venir toda la superestructura abajo, y ahí ya tenés que contratar a un equipo de progresión temática con remos y todo que, en el caso de que salve algo, te van a cobrar como si hubieran laburado ellos solos, por suerte lo arreglamos a tiempo, al contratista le llegó el telegrama al día siguiente, me quiso echar la culpa a mí… un boludo, después me enteré que había terminado haciendo turno de noche como vigilante ortográfico en un revista de moda femenina, un laburo de mierda. Lo cierto es que la novela anduvo bastante bien y seguí trabajando un tiempo para ellos,... ahí conocí a mi actual mujer, Laura, ella es paisajista de cuento costumbrista y estaba contratada en un proyecto que recién estaba arrancando. Para esa época a mí ya me habían asignado al departamento de ficcionalización junto con un flaco que era agrimensor de campos semánticos, piola el flaco, él nos presentó. Laura se daba maña más allá de su especialidad, de hecho había diseñado todos los muebles de una novela histórica que, en su momento, fue muy bien vista por la crítica.  Al año  me pusieron a cargo de un proyecto entero, por un lado estaba contento porque estaba ganando bastante bien, pero por el otro me sentía algo aburrido, lo único que hacía era aprobar planos ajenos o mandarlos a “corrección”, o me la pasaba discutiendo con los de Presupuesto Lexical que me rompían las pelotas con la economía lingüística o si no, como era un proyecto de literatura de género, me la pasaba mirando telas, cuando tranquilamente yo te podía diseñar toda la instalación eléctrica de una novela de ciencia ficción… diseñarla y ponerla a andar.

Cuando terminé el proyecto ya tenía decidido que quería empezar mi propio negocio, me fui de la compañía en buenos términos, con las mejores recomendaciones, no querían que me vaya, hasta me ofrecieron más guita, pero ya tenía tomada la decisión, además ya estaba podrido de algunas cosas, tenía que lidiar con mucho charlatán especialista en nada, el ultimo fue un estúpido que no paraba de decir que él era Técnico Superior en Signos de Puntuación y que solo él podía decir cuando iba punto y coma y cuando no, casi lo mando a la mierda. Laura me acompañó cuando me fui, así que ahora tenemos nuestra propia empresa, y es casi seguro que nos otorguen la licitación para un libro de poesía ya que hace poco hicimos una inversión grande cuando compramos la sierra de precisión láser para los cortes de verso y un metaforizador de 500  gigabytes traído de Alemania. Yo creo que todo se va a ir dando, por ahora estamos bien, muchos dicen que escriben por necesidad, yo la verdad lo hago por placer.

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Sábado 28 febrero 2009 6 28 /02 /2009 22:15

 

 

A diferencia del Picota Guzmán, Don Abel Barros nunca había matado a un policía por ejemplo, no por tapujos morales (que los tenía), sino porque nunca había tenido necesidad de hacerlo, tampoco había matado mujeres. En general Abel Barros había matado bastante menos gente que el Picota.

Cuando el Picota cometió su primer delito tenía 8 años, fue un delito menor, casi una picardía infantil. Años más tarde el subcomisario Maldonado, recordaría aquél incidente como una premonición de todo lo que vino luego: mientras dos de sus amiguitos de siete y seis años le apedreaba el techo a la casa de la viuda de Martínez, la del kiosquito, el Picota, aprovechando que la viejita se había ido para atrás a ver qué era todo ese ruido, había entrado  y le había robado la miserable recaudación de cuarenta pesos, una cerveza en lata, cigarrillos y cuatro alfajores. La viuda llamó a la policía, un vecino había visto todo y a las pocas horas los agarraron en un baldío medio borrachos y dados vuelta por el tabaco, -daba impresión tan chiquitos- recordaba Maldonado. Al final no pasó nada y nadie le pagó las cosas a la viuda, ni la cerveza, ni los alfajores, ni los cigarrillos ni los vidrios rotos de las ventanas. La Casa del Picota era un lugar confuso donde a veces había comida, y donde casi siempre era mejor no estar. El novio que la madre del Picota tenía en esa época era jodido, movía merca y andaba calzado, al final por miedo nadie hizo la denuncia. Pero el nieto de la viuda, un adolescente de 14 años decidió que la cosa no podía quedar así, y una tarde en la canchita del barrio el Picota sintió que lo tironearon del buzo desde atrás, y lo siguiente que sintió fue un golpe seco en la boca que lo dejó atontado en el suelo, luego repetidas patadas en la espalda y la cadera y finalmente un mazazo cerca de la sien que le rompió el párpado, de aquella vez es que tiene el Picota como una telita gris que le cubre parte del ojo derecho y que se retrae lentamente cada vez que parpadea. Siete años después, luego de delitos que no pasaban de la sustracción de estéreos, bicicletas, robos a locutorios y tenencia de drogas, el Picota se cobra aquella paliza de la infancia con un homicidio que lo lanza al siguiente escalón de su carrera, porque en el barrio las cosas no se olvidan, menos aun si los involucrados se siguen viendo las caras todos los días, cruzando miradas que van fermentando con los años. Esa noche de junio, Gustavo Palacios, nieto de la difunta viuda de Martínez, festejaba su cumpleaños número 21 con sus amigos y su novia, con unas pizzas y algunas cervezas en lo de su tía. A las tres de la madrugada Gustavo sale caminando de la casa junto a su primo que laburaba con él en el taller, lleva algunos envases y cruza la calle para comprar más cervezas en un kiosco abierto a media cuadra. Muchos dicen que fue casualidad, y probablemente lo fue, que el Picota pasara por ahí en el Falcon oxidado de su cuñado junto con dos amigos luego de haber estado tomando cocaína y cerveza desde las cuatro de la tarde. Horas después el primo de Gustavo afirmaría incrédulo y horrorizado en su declaración que, luego de atropellarlo no muy fuerte y lanzarlo unos metros delante del auto, el Picota aceleró, ahora sí con fuerza, y arrastro al Gustavo por treinta metros enganchado debajo del vehículo mientras asomaba medio cuerpo por la ventanilla y gritaba fuera de sí hacia la rueda delantera: –fijate si pierde aceite puto!.. fijate bien eh…!-. Tenía entonces dieciséis años.

Luego de tres años en el correccional de menores el Picota vuelve a las andanzas, ahora sabe nuevos trucos y tiene amigos pesados, es respetado en el ambiente. Al tiempo es detenido como principal sospechoso por la muerte de su ex novia, encontrada con doce puñaladas en la piecita que alquilaba y de la que el Picota tenía llave, pero su oscuro vínculo con un alto funcionario provincial para quién él había hecho algunos trabajos y para el que conseguía algunas cosas, lo hizo salir libre enseguida. La policía entendió (y entendió bien) que Picota se había vuelto un intocable, y donde golpeaba prácticamente creaba una zona liberada en forma instantánea, la policía conocía sus antecedentes, sabían que al Picota no le importaba nada, que no tenía códigos, como aquella muerte que se le atribuía en el correccional de menores, un pibe de Paraguay que había entrado por robo y que un día amaneció asfixiado con un colchón, un pibe de catorce años. 

Sin embargo Luis Miguel Guzmán, que así era como su madre lo había bautizado, estaba ya cerca de conocer el límite de su suerte. Con respecto a su nombre corría una anécdota que nadie había comprobado pero que era totalmente creíble, hacía mucho, antes del correccional, en un asado por allá en los barrios alguien que no lo conocía se había emborrachado y había querido ponerlo en ridículo  delante de algunas chicas presentes, relacionándolo con el cantautor mexicano. En medio de la cerveza y el vino en caja parece que alguien había empezado a rascar una guitarra, entonces un flaco alto que venía de afuera y que lo había escuchado decir su nombre a una morocha que andaba con dos amigas le gritó irremediablemente y casi al oído -¡cantate algo Luismi!- mientras se reía y le palmeaba el hombro. Los que sabían cómo era se quedaron helados, como si hubiesen sido ellos los responsables del insulto, el gordo Garrafa alcanzó a decir – laa re pasaado el flaco…-. Pero Picota miró la mano del extraño en su hombro y antes de que éste o alguien pudiera reaccionar saltó como una trampa de resorte reventándole en la cara la botella de cerveza que tenía en la mano, y casi en el mismo movimiento lo empujó al  fogón, de donde lo sacaron unos amigos con parte del pelo ardiendo y un ojo sangrando por una astilla de vidrio, dicen que el Picota salió caminando con sus amigos, llevándose unas cervezas, como si nada.

La suerte se le terminó al Picota una tarde de agosto de 1998. Hacía dos días que venían metiéndose artane, alcohol y cocaína, encerrados en la covacha, enroscados… él, el gordo Garrafa y el Negro Leiva. En algún momento se les ocurrió reventar una estación de servicio del centro, estaban armados… fueron a cara descubierta. El Picota estaba mareado de impunidad, sentía que tenía permiso para todo, que estaba todo bien. Cuando el policía de seguridad lo vio entrar con la pistola en la mano quiso reaccionar, se incorporó de la silla en la que estaba sentado mirando fútbol con el encargado y amagó a sacar su arma reglamentaria, pero el Picota le descargó cuatro tiros en el pecho, y uno en la cabeza al encargado. Todo fue tan rápido… otro policía salió del baño y lo alcanzó a poner al gordo, el Negro salió corriendo y horas más tarde lo agarraría un patrullero huyendo a pié por el campo, cerca del aeropuerto. Doce tiros en la espalda.

El Picota se descubrió a sí mismo huyendo en su auto a toda velocidad por la ruta, había pedido de captura en todo el territorio de la provincia, pero la orden subrepticia era matarlo en el lugar donde se lo encuentre, una orden que venía de arriba. Pensó en pasar para Chile, en cuatro horas podía estar fuera del país, pero no estaba pensando bien, en la frontera ya lo estaban esperando. De alguna manera comenzaba a saber que el cerco había empezado a cerrarse finalmente. Se encontraba a pocos kilómetros de Aguada Bagual, donde pensaba cargar combustible y comprar alcohol. Lo que no sabía era que también se acercaba ya a su encuentro con Don Abel Barros.

Don Abel Barros tenía casi sesenta años, poco se sabía de su vida pero se comentaba que de joven había tenido que salir disparado para el sur  de Chile por asuntos de robo de hacienda, y que había vivido allí varios años, a veces como mariscador, a veces como peón de aserradero… a veces nada. Había tenido mujer que se le murió en circunstancias poco claras, dicen que la quería mucho. Tenía la cara raspada por la helada y ya se le había empezado a encorvar el cuerpo, sin embargo se seguía trepando al alazán  de un salto. Su segunda mujer le había dado dos hijos antes de dejarlo por mala bebida, uno se había muerto de jovencito por el falso cruz, y el más chico se había ido a la ciudad y nunca había regresado. Su pasado estaba lleno de bifurcaciones y oscuridades. Conocía muchos lugares, decían algunos que había nacido en La Pampa, otros que había venido de Mendoza, donde había matado a un capataz de joven, y aunque su fama de buen cuchillero se había apagado hacía mucho, siempre andaba con el facón cruzado en la cintura. Ahora de viejo sobrevivía como podía en un ranchito cerca del río, donde se aislaba durante semanas sin más provisiones que unas galletas y mucha ginebra. Pero aquella noche Don Barros había ido al pueblo, a tomar con gente, al bar de la entrada.

El Picota no se animó a pasar por la estación de servicio, ya era de noche y estacionó atrás de un árbol, decidió entrar a ese boliche al costado de la ruta, a ver si podía convencer  a alguien para que le comprara combustible en un bidón. La calle de tierra estaba mojada, afuera había un caballo y una bicicleta. Con la nueve atrás en la cintura cruzó las tiras de la cortina plástica de la entrada y encaró para la barra. Una sola persona estaba apoyada en el mostrador, un paisano viejo con la cara roja y el sombrero sobre los ojos. Picota se relajó, la esposa del dueño, una mujer corpulenta, estaba atendiendo. Iba hacia la trastienda y volvía, seguramente controlando la cena.  El Picota miró al viejo que estaba con la vista fija en su vaso de ginebra y se inquietó de nuevo porque no lo atendían. Golpeó el mostrador con fuerza

eh… hay alguien…?! Tamadre..-. terminó la frase.

-Primero guenas noche- escuchó que le decía el viejo en un tono casi pedagógico pero firme desde su costado derecho. El Picota giró la cabeza y vio que el viejo lo estaba mirando, lo midió bien, le llegaba un poco más arriba de los ojos, él medía uno setenta y cinco más o menos, tuvo el impulso de acostarlo de una trompada, pero tenía que pasar inadvertido, además era un viejo de mierda medio mamado nada más –tomate el palo viejo, a ver si te fajo todavía…-, le respondió casi entre dientes, y giró de nuevo la cabeza hacia la trastienda ya para gritarle algo a la mujer que no venía. Pero antes de que pudiera hacerlo, en esa fracción de segundo en que estaba por gritarle a la mujer, notó con el rabillo del ojo que el viejo había iniciado un movimiento rápido e inesperado, esa misma fracción de segundo en que pensó que aquél paisano se abría tropezado por la borrachera y que estaba cayendo, la fracción de segundo en la que tuvo el reflejo de esquivarlo, de retirarse del mostrador hacia atrás, incluso de llevarse la mano tras la cintura para tocar la nueve, pero ninguno de esos reflejos llegó a convertirse en acción. Percibió el golpe seco atrás del mentón, por debajo de la lengua, y pudo ver ahora si claramente un brazo que salía de debajo de su cara y se unía al hombro del viejo, y el hombro al cuello de venas hinchadas, y el cuello a la cara con ojos que parecían que le iban a saltar encima… y ese gusto metálico en la boca.

Cuando la esposa del dueño salió de la cocina contempló incrédula a ese muchacho alto parado junto al mostrador con un cuchillo clavado hasta el mango debajo de la cabeza, la hoja atravesándola  verticalmente por detrás del mentón, a través de la lengua y el paladar para incrustarse en los quebradizos huesos de la faringe y más arriba, como un perno que le mantenía la boca cerrada. El Picota temblaba, parpadeaba a gran velocidad y la telita gris subía y bajaba por su pupila derecha, sus brazos estaban crispados y tiesos, y una de su piernas temblaba dando un zapateo débil en el suelo. Entonces Abel Barros, como quien hace un favor, lo sostiene por la solapa de la campera, y con un tirón que es también una torsión, le retira el cuchillo y retrocede dos pasos sin siquiera mirarlo. El gorgoteo y la arcada se confunden con el grito histérico de la mujer y el Picota se derrumba para siempre mientras un borbotón de sangre se le libera por la nariz y la boca.

-A vier quien se toma un palo ahora… junagranperra- le dijo antes de irse, Abel Barros al cadáver del Picota tendido junto a una mesa.

En el expediente la causa de la muerte de Luis Miguel Guzmán figura como acto en defensa propia en situación de asalto a mano armada, hipótesis irrefutable a pesar de la falta de testigos, por el arma encontrada en la cintura de la víctima y por sus antecedentes. Don Barros estuvo detenido un mes y medio, y durante ese tiempo volvió a comer decentemente y los guardias le regalaban cigarrillos. Un año después lo encontraron muerto cerca del rancho, fue una semana que habían caído unas heladas como hacía tiempo no se veían, quizás se quedó dormido o se cayó del caballo estando borracho, la autopsia sentenció “paro cardiorrespiratorio”. Al alazán se lo quedó el dueño del boliche, cuñado del comisario.

 

fin

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microrrelatos

Microfilm: m. Secuencia alineada de microfotografías para ser proyectadas en tiempo real. // Carrete de película fotográfica con que se consiguen microcopias.

 

microfilm

 

Ahora, hace tres décadas que dejó de figurar en los mapas, ni siquiera en los mapas ruteros figura, como si jamás hubiese existido... como uno de esos sueños de la siesta de los que cuesta despertar y de los que despertamos cansados. Hay veces en que nada parece ser tan real como para no desaparecer al día siguiente sin dejar rastro alguno, como tragado por el desierto, que nos está soñando a todos.


S
obremesa en la chacra del diputado Pereda: un poco borracho, el gerente de una famosa petrolera termina de contar el chiste de la prostituta tuerta que silba mientras da sexo oral, el diputado ríe fuerte con la copa en alto y toda la mesa lo imita, su esposa no ha entendido el final pero lo secunda con una histérica carcajada. Si la cena tiene éxito podrá hacerse las lolas en Miami.


La casa de la Mama es la que menos llama la atención en toda la cuadra, no está sucia, no es demasiado vieja ni demasiado arreglada, sí prolija, casi normal pero… sencillamente y de alguna extraña manera está oculta. Nadie llega allí por accidente o por error. La Mama es gorda, es renga, la Mama tiene muchas plantas con espinas. Siempre está sentada en su enorme sillón frente a la mesa, con el mazo mugriento de naipe español a un lado, la Mama tiene olor a cosa vieja, piel blanca y lívida, ojos pequeños y el pelo negro y tirante en una trenza que le toca la cintura. Habla rápido y susurrando la Mama, como si estuviera diciendo obscenidades o blasfemias. Allí reina, en la piecita celeste donde atiende… con la mano agarrada al pomo del bastón, justo bajo del crucifijo gigante, con la imagen de un Cristo que sangra y agoniza en un morboso gesto de dolor.


U
n cuerpo apuñala a otro en los suburbios del pueblo dormido. Luego se escurre por entre el caserío en un periplo de baldíos oscuros hasta desembocar en las vías del ferrocarril, su mano está manchada con sangre y la respiración agitada silba en la madrugada hasta estallar en tos y flema. Se detiene junto a un viejo vagón de madera, temblando y jadeando, luego escarba desesperadamente detrás de una de las ruedas de acero, desentierra una caja de vino y la muerde ferozmente con un gruñido animal… la abre con dos dentelladas y bebe ansiosamente. No muy lejos de allí una mujer joven se desvela hasta la desesperación mientras sus hijos duermen. Toma mate y mira la puerta, no sabe que ha enviudado.


L
igarle al Tato es un problema, es asomarse a otro planeta, es meter la mano en un pozo oscuro para sacar un premio o una mordida que te arranque los dedos.
En una calle alejada, con perros galgos y tecnochamamé, el Tato aparece y atiende desconfiado detrás de un portón de chapas. Es un instante en el que el aire se carga, se endurece, se escarcha… y es posible una bala o dos, o el grito repentino de mil sirenas azules… es un instante. Luego nos alejamos y todo está bien, como si nada, pero  solamente es buena suerte.



G
omería El Rulo, el Rulo está adentro, se lo ve a la pasada en elástico equilibrio sobre una rueda de camión tirada en el piso, haciendo zafar el aro sin que le arranque la cabeza mientras sus tatuajes verde birome ya son una mitología de tres cuadras a la redonda. El compresor se enciende, aspira una continua bocanada de chivo, caucho, mugre... comprime moléculas y forja el olor a gomería. En un rincón, debajo del almanaque de las tetas grandes, la cumbia se cae a pedazos de la radio rota y negra, el Flaco lo acompaña, ceba mate y el mecanismo se lubrica. El Rulo gorgojea, se asoma a la calle y escupe lejos, saluda a un colectivo... el universo está en orden.



E
l viejo Barrientos jamás se arreglaba para ir al centro, lo que lo convertía en un hombre muy solitario… y muy sabio.



S
ábado a la tarde. El Carola abre las puertas de su salón de belleza para intentar la dura ingeniería de la feminidad.  Precisas las tijeras, entre fuertes tirones controlados, con química hiperbárica en aerosol, al calor eléctrico de resistencias espiraladas al rojo vivo, logra cambios ingenuos y emerge, tosca, una belleza insostenible de castillo de naipes. El lugar es de plástico y colores, la música es sintética... todo sigue triste por aquí.



F
rente a la casa de Doña Ester (que también cura el empacho) está estacionado un auto caro. Cuando anochece un perro revisa la basura... huele la jeringa, mordisquea la sonda de goma, luego se aleja moviendo la cola... lleva un enorme algodón con sangre entre los dientes.


Cada noche, la barra del bar es la playa abrigada de una isla lejana. Cuando oscurece, la marea lleva hasta allí toda clase de cosas: estrellas de mar con las puntas mutiladas, duros mascarones de proa, inocentes veleros extraviados, botellas que olvidaron su mensaje, mensajes en busca de botellas, viejos piratas que han perdido su barco y una que otra ballena varada. Pero cuando comienza a amanecer e irremediablemente todos han aceptado ya su condición de náufragos, entonces la marea se los lleva de nuevo mar adentro, y sólo queda la resaca de vasos con rush, ceniceros desbordantes y servilletas sucias. Cuando queda vacío, el bar tiene ese aspecto de envase descartable... de utilería usada. Luego, las sillas hacen la subversiva acrobacia de sentarse en las mesas con las patas para arriba, y los ruidos (que hace poco eran continuos y asonantes) se vuelven sistemáticos y pausados a medida que el lento ritmo del orden transfigura el espacio purificándolo todo, a fuerza de enjuagues los vasos pierden lentamente la memoria del alcohol y el manoseo. De repente, un mozo que barre debajo de las mesas, toma del suelo, sin reprimir un gesto de fastidio,  cuatro o cinco zapatitos de pies izquierdos, para luego bajar al sótano y arrojarlos al deposito, junto con todos los otros zapatitos, que jamás fueron reclamados por príncipe o cenicienta alguna.


En un olvidado desván de la ciudad aun se conserva en naftalina (aunque nadie lo sabe) el sombrero que don Sepúlveda tenía puesto la madrugada que mató al chileno Fuentes por un desacuerdo en el truco. Durante la siesta el niño se escabulle hasta el viejo ropero y lo abre con sigilo, saca el sombrero y se lo prueba, en la penumbra un espejo arrumbado alcanza a verlo, lleno de horror y polvo, sólo atina a dibujar un fantasma.


U
na flauta de sátiro va y vuelve veloz sobre sus cinco notas, y la siesta se parte limpiamente al medio. El afilador es una pieza suelta. Su gracia de juguete a cuerda roza el cordón,  impertinentemente anacrónico, puede que no vuelva. Luego la flauta se aleja, se vuelve esquiva... inconstante, como todas las cosas que se extinguen.


Al cumpleaños de 15 han venido también los tíos del campo, ellos trajeron uno de los  chivos que están clavados alrededor de un fuego en el fondo del patio, donde el dueño de casa toma vino con dos cuñados. En el quincho que antes era almacén, una adolescente vestida de novia está sentada con las dos mejores amigas frente a una torta también blanca,  cerca de la puerta se toma cerveza con las viseras sobre los ojos. En la cocina mujeres atareadas se odian cortésmente. Se acerca el vals y la quinceañera se pone nerviosa, un tío borracho le mira las piernas.


Durante la mañana la señora M. que está despierta desde la madrugada baja al centro a hacer las compras: medio kilo de carne picada medio de pan y los remedios de los huesos… que no llegaron. Al mediodía la comida está lista es poca y sin sal. Don M. se queja, suspira… putea bajito. Terminan el almuerzo y durante la tarde ella limpia, repasa los muebles, canal de aire y novela: ella es tan buena y él no se da cuenta, claro es rico y ella… pobre. Media tarde y mate… nadie.

Cuando baja el sol la señora M. se esconde en su pieza y se suicida hasta el día siguiente.



Era un pibe joven... laburador, estaba en el campo, de boca de pozo en una petrolera grande, viste que no la cuidan a la gente. Fue antes del paro, haciendo el turno de día, con un viento de la san puta que sacudía toda la estructura... cuando cortó el cable de acero se escuchó el latigazo, yo alcancé a verlo justo cuando le arrancaba la cabeza, caminó dos pasos así... como un borracho, y después se cayó para el costado.


En la soledad al costado de la ruta hay un pequeño altar repleto de botellas con agua, lo habita una difunta milagrosa. Esta noche hay una llama de vela en su interior. A unos pocos metros un auto a gran velocidad se sale del camino dando tumbos y la oscuridad se lo traga de un bocado. Cuando amanece, la luz hace que todo parezca un accidente.


D
esde la calle se escuchan los reproches… los años de sacrificio, la escuela sin terminar. La gorda de enfrente ya lo sabe todo: el marido que empezó a tomar de nuevo, la piba con panza... y el novio, que no aparece.


Hace poco que está en la fuerza y ya se mandó una cagada, por allá arriba se la tienen jurada y no sale el traslado, anda perseguido porque la otra vez le mataron el perro. En el uniforme, bien escondido, un fierro con el número limado.


Y luego de oír las estrofas del himno Nacional, la Sra. Directora pronunciará unas palabras: -En esta fecha patria en la cual homenajeamos la sagrada memoria de nuestro prócer máximo, quien además de  valiente soldado fue también ejemplar padre, galante esposo, caballero siempre, de conducta recta, derecha... de derecha y devoto cristiano apostólico romano que nunca negó una limosna y que fue magnánimo con los humildes los niños y los ancianos... como ya dije, en esta fecha, quiero agradecer al Circulo de Señoras Bien del barrio 12 de Octubre como así también al Señor Comisario Héctor Canuti y al padre de nuestra abanderada el Dr. Abelardo Carulo, quienes nos honran con su distinguida presencia. Los invito ahora a disfrutar de un rico chocolate y luego  alumnos de cuarto grado “A” de la salita blanca bailarán un gato... gracias-.


Vieja loca, le gustaba pronunciar la doble “L” porque creía que la hacía distinguida o que la imitaríamos, nos trataba con desprecio. Disfrutaba de nuestro miedo cuando no estudiábamos, no le gustaban los morochos ni los gordos, siempre que podía nos humillaba, a Funes le hacía sacar los zapatos porque sabía que tenía las medias rotas, usaba tacos altos. Un día en la calle vi como el marido le volaba los anteojos de una cachetada mientras le gritaba “pelotuda” y que no le rompa más las pelotas no sé con qué. No sé si me dio lástima pero le perdí el miedo, se lo conté a todos, tenía once años, era un pibe.


No hace una semana que enterraron a la viejita Seguel y hoy se terminaron de llevar todos los muebles, no le regaron ni una planta. Cuando abrieron el perro salió desesperado a tomar agua de la calle, nunca más pudo entrar. Al canario lo dejaron en el tacho, envuelto en diario.


A
yer empezó el rally de la comarca y se vendieron muchas gorras, también se movió bastante el asado y el vino, en el cabaret hubo show. Se armaron  picadas en la avenida y un fiat 600 verde flúo chocó con un árbol, pero no pasó nada.  Hoy a la mañana dos curvas después de la largada el intendente volcó en su Ford “fiesta”.


-Hola tigre! Qué necesitas?-

-Una camisa blanca, lisa-

-mirá, tengo esta que no es blanca… pero es celeste clarito, ves? Es lo que se está usando, nos entró esta semana, como para qué querés…-

-…y una blanca no tenés?-

-…después tengo estás así ¿ves? con estampado arriba tipo bahiano, como la que tengo puesta yo, son más “casual” pero andan bien para la noche…

-…pero una blanca busco, sin nada… tenés?

-… blancas tengo remeras, son de algodón… me fijo si hay de tu talle… no querés ver pantalones…?-




-Hola Lopez?.. qué hacés hijo de puta, che… mañana llego de descanso… paso a  eso de las nueve, si..  salgo del turno a la mañana y llego a dormir… es que la gorda está muy hinchapelotas... que quiere que me quede al cumpleaños del más chico, que vayamos a elegir el ragalo, me hincha las pelotas viste…   encima viene la vieja y mis cuñados… si…, ah sí? Daaale…  comprá  cien yo después te doy… avisale al Negro…, dice que llegaron minas… dale mi guacho, nos vemos ahí… Q ´hijo de puta este Lopez…-


Quién hubiera pensado que todo iba a terminar así: la Susi con el marido, la hermana con el del kiosco, el cuñado con la Ester y la Tía con el Rober… mañana al mediodía se juntan todos por el cumpleaños del Tito.


Dos minutos Jorge, dos minutos… te metes en el almuerzo, agarras el expediente te hacés el boludo, salís al patio y me lo das… no pasa nada Jorgito…están todos en otra, cuando yo estaba en tu sector  lo hacíamos siempre… vos sabés que no es justo lo que le hacen a Silvia… ella te consiguió lo del terreno… dale gordito por ahí sale todo bien y te pasan a planta… a la una eh, en el patio.

Perfil

  • : carlos
  • andameta
  • : Hombre
  • : 6/04/1976
  • : patagonia
  • : escritor cinéfilo pescador fuma fasito
  • : Carlos Blasco nació en abril de 1976 en Plaza Huincul (pcia de Nqn.) pero no está loco. Cuando puede le da por escribir genialidades como ésta... sí, como ésta... algún problema?

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